Desde el 12 de julio, cuando secuestró a dos soldados israelíes, Hezbollah ha causado 19 muertos, 26 heridos muy graves, 40 graves y 350 leves. 677 personas han sufrido un shock post-traumático. 43 heridos siguen hospitalizados. El ejército israelí, por su parte, continúa la ofensiva en el sur del Líbano, y no parece que la muerte de civiles libaneses (600 por ahora) sea un motivo en absoluto para replantearse la operación. De hecho a algunos no parece importarles demasiado las víctimas civiles, en tanto sean libanesas. Rafael Erza, artillero israelí: “La mayoría de libaneses muertos vivían en barrios de Hezbollah. Deben escoger mejor el lugar en el que viven”. Rafi Ginat, editor del periódico Yedioth Ahronoth: “Que caiga fuego del infierno a los terroristas de Hezbollah, a sus colaboradores, a los que les ayudan, a todos los que hacen la vista gorda y a cualquiera que huela a Hezbollah – y que mueran los civiles que pasan por ahí en lugar de los nuestros”.
A Charles Krauthammer, columnista neoconsevador del Washington Post, todo esto se le antoja moralmente inatacable: “¿Desproporcionada [la repuesta del Estado israelí]? No. Cuando uno es atacado gratuitamente por un agresor, tiene pleno derecho – legal y moral – a combatirlo hasta que el agresor quede desarmado y sea incapaz de volver a amenazar su seguridad. Esto es lo que sucedió con Japón”. Justin Raimondo le responde: “Apliquemos este principio enunciado aquí a una situación cotidiana. Supongamos que “secuestro” tu cartera en un autobús lleno de gente, y me voy a la parte de atrás para no llamar tu atención. En tu búsqueda empiezas a empujar a varias ancianas, tiras al suelo a una mujer con un niño y pisoteas a unos cuantos jóvenes y niños. No sólo eso, también empiezas a disparar – hiriendo a cinco o seis personas sin siquiera darme a mí. De acuerdo con la doctrina moral de Krauthammer, estás perfectamente en tu derecho al actuar de ese modo. Al fin y al cabo, me estoy “escondiendo entre civiles” (...) Además, estos “civiles”, que saben perfectamente que yo te he robado la cartera (...), no han hecho nada para detenerme. Me han dejado pasar, ¿acaso no es ésta una forma de colaboración? Como ha señalado el Ministro de “Justicia” israelí Haim Ramon: “Israel ha dado a los civiles del sur del Líbano tiempo suficiente para que se marchen de esa área, por lo tanto todo el que permanezca en ella será considerado un colaborador de Hezbollah”. Así, no hay “civiles inocentes” en la parte de atrás del bus (...). Al final me encierro en el baño. (...) Por supuesto, tienes perfecto derecho a retener a los pasajeros como rehenes si hace falta: después de todo, “debes combatir hasta que el agresor sea desarmado y sea incapaz de volver a amenazar su seguridad”. De acuerdo con la lógica de Krauthammer, tienes derecho a volar por los aires el autobús y a sus pasajeros con tal que la amenaza a tu seguridad, esto es, yo, sea eliminado, lo cual es precisamente lo que Israel están haciendo en el Líbano. ¿Desproporcionada? Si los individuos se comportaran como lo hace Israel en el Líbano, serían procesados y encarcelados para proteger al público.”
Pero la cuestión no es sólo si la respuesta de Israel es “proporcionada” o "justa", sino si es la respuesta adecuada con vistas a proteger a las población israelí de futuras amenazas. Algunos críticos sugieren que no, antes al contrario: “La versión de Nasrallah [líder de Hezbollah] de la revolución perpetúa parece que sea la de obtener, practicando la guerra de cuarta generación, una respuesta desproporcionada de Israel. El caos subsiguiente favorecería a Hezbollah, en el sentido de que disminuiría la capacidad de Israel de controlar los acontecimientos”. Ahrari señala que el objetivo del Estado israelí puede que sea destruir las infraestructuras del Líbano como castigo por no haber constreñido a Hezbollah, pero entre otras cosas esto ha elevado la popularidad de Hezbollah en el mundo árabe y ha hecho que el gobierno libanés tenga aún menos capacidad para controlar a Hezbollah. Por otro lado, el aumento del caos político en el Líbano puede atraer nuevos grupos islamistas a este país, incluido al-Qaeda. Como apunta Osamah Khalil también hay que tener en cuenta la consecuencias no intencionadas, en forma de más movimientos radicales, a que han dado lugar las victorias militares israelíes: después de la victoria de 1967 Nasser es sustuido por Arafat y su grupo Fatah como movimiento representativo del nacionalismo árabe y la cuestión palestina vuelve a cobrar protagonismo en el conflicto árabe-israelí. Fatah toma la OLP y la transforma en un robusto movimiento de liberación nacional con apoyos internacionales. En 1982 el Estado de Israel invade y ocupa el sur del Líbano para acabar con la OLP. Emerge Hezbollah. Los palestinos en Gaza y Cisjordania lanzan su primera intifada contra la ocupación militar. El gobierno israelí ataca a los afiliados de la OLP mientras facilita la actuación de organizaciones religiosas para restar peso a la de Arafat. Emerge Hamas.
Como explico en este artículo contra el intervencionismo militar, “estamos hablando de planificaciones centrales a gran escala, lo cual comporta despilfarro ingente de recursos y multitud de consecuencias imprevistas. No en vano Noriega, Husein y Bin Laden fueron en su día patrocinados por el gobierno de Estados Unidos y luego pasaron a ser sus enemigos. "Es fácil decirlo cuando ya ha sucedido, pero en su momento era imposible predecirlo", objetarán algunos. ¿Pero acaso no es ésta una buena razón para no intervenir en primer lugar?"
Vale la pena leer también este artículo de Justin Raimondo sobre el conflicto en el Líbano y la política exterior del gobierno de Bush. Su tesis es que el intrusismo del que hace gala la Administración norteamericana atenta directamente contra la seguridad de los ciudadanos a quien dice representar y proteger.
A top Israeli official has refused to set a date for the Jewish state ending its assault on Lebanon, just hours before US Secretary of State Condoleezza Rice was due back in the region to try to broker peace.
"No date has been fixed for the end of the operations we are carrying out in Lebanon, we are not acting with a stopwatch in our hands," cabinet secretary Israel Maimon told army radio Saturday.
Más información aquí y aquí.