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Sigue el ruido de sables, ahora en Melilla

Si no tenemos ya suficiente con aguantar a los políticos, ahora sólo falta soportar a los militares con ínfulas de salvapatrias.

No se trata de que el poder militar deba estar subordinado al político ; no existe separación real entre ambos. El poder militar público y monopolístico se creó para proteger la dominación del Estado. De él se nutre y gracias a él prospera.

La izquierda defiende que los políticos dirijan el ejército, y los golpistas que los militares deben dirigir a los políticos. ¿Acaso observan alguna diferencia sustancial? La cuestión es quién utiliza los intrumentos coactivos del Estado, no si esos instrumentos deben seguir existiendo.

No nos confundamos; un poder militar que derrocara al gobierno se estaría constituyendo en poder político. Las cosas poco cambian; los individuos seguimos sometidos a la dirección arbitraria del Estado.

El capitán de Infantería destinado en Melilla, Roberto González Calderón, asegura que "existe malestar dentro y fuera de las Fuerzas Armadas" al ver "cómo se está desmembrando" España y cómo todo lo que va en contra de esta nación, de la "Iglesia" y la "familia" está "de moda". En una carta a un periódico local, el capitán explica que ha optado por quejarse así tras desechar plantarse con su Compañía "en el Ministerio de Defensa y entregarle en mano al señor Bono esta misiva" y tras asumir que, con este acto, cercena, "muy posiblemente, de forma definitiva, cualquier aspiración en la cúpula militar".

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