El gobierno ruso, hacia el monopolio de la caridad
El Estado es el monopolio del crimen. Los ladrones son perseguidos, no porque atenten contra los derechos de nadie, sino porque aquellas cantidades que robe un ladrón no podrán ser expoliadas por el Estado.
Lógicamente, para justificar la institucionalización del crimen y de la guerra contra la sociedad, el Estado tiene que ponerse diversas vestimentas. Una de ellas es la de ayudar al prójimo. "Sin Estado los pobres se morirían de hambre por las calles", afirman desvergonzadamente los socialistas.
Así, el Estado también necesita el monopolio de la caridad, para que nadie pueda ayudar a otra persona, salvo los burócratas y la redistribución del Estado de bienestar. En Rusia lo tienen claro.
La Justicia rusa ha ordenado el cierre de las dos primeras ONG tras la firma por el presidente ruso, Vladimir Putin, de una polémica ley que impone un rígido control por parte del Estado. El texto fue presentado después de que el Kremlin acusara a las ONG financiadas por Occidente de alentar revoluciones "anti-rusas" para restar a Moscú influencia geopolítica y preparar revueltas y cambios políticos en el país.
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