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El gobierno de Estados Unidos sopesa construir un muro para impedir la entrada de inmigrantes mexicanos

El que fuera el país de las oportunidades para todos los emprendedores del mundo que quisieran empezar una nueva vida está hoy sometido a los dictados de un Estado que se arroga el derecho de decidir quién puede y quién no puede acceder a “su” territorio. ¿Por qué unos artificiosos límites denominados “fronteras” impiden que los individuos de ambos lados interactúen libremente como la harían con los vecinos de su barrio?¿Por qué uno puede irse a otra ciudad del territorio nacional a buscar alojamiento y empleo sin siquiera pedir permiso pero se le impide por la fuerza que vaya a otra que está allende esos límites arbitrarios a buscar exactamente lo mismo, relacionándose voluntariamente con las gentes del lugar? En nuestra casa, en nuestros negocios etc. nosotros decidimos quién entra y quién no. La analogía de que el Estado hace lo mismo con el territorio de su jurisdicción es insostenible, porque no tiene derecho alguno sobre las propiedades comprendidas en este territorio. Si de un lado el gobierno quiere imponernos en el ámbito interno la integración forzosa (leyes anti-discriminatorias, discriminación positiva etc..), de otro lado pretende usurparnos la potestad de establecer relaciones con gente foránea. Pero, objetan algunos, ¿acaso no se aprovecharán entonces los inmigrantes de la Seguridad Social, de las escuelas públicas, de las calles públicas... de modo que se estará forzando a los ciudadanos a subsidiarles? Razón de más para reivindicar la privatización de las calles, de las carreteras, de los parques y de los servicios públicos, o en su defecto, que se deniegue a los inmigrantes las prestaciones sociales y al menos temporalmente sus “derechos” políticos.


EEUU sopesa construir una barrera fronteriza cuyos 1.100 kilómetros la harían probablemente la más larga del mundo, pero que, según sus críticos, en lugar de parar la entrada ilegal desde México, sólo la haría más peligrosa. El proyecto prevé cubrir 1.100 kilómetros de los más de 3.000 que tiene la frontera común de ambos países.

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